Practica marcha nórdica en cualquier estación del año
¿Sabías que la marcha nórdica puede convertirse en tu compañera perfecta durante todo el año?
No importa si hace calor, frío o llueve: con algunos ajustes sencillos, puedes mantenerte activa y disfrutar de todos sus beneficios los doce meses del calendario.
Porque cuando haces marcha nórdica de forma regular, no solo fortaleces tu cuerpo… también ganas energía, alegría y confianza en ti misma.
1. Primavera: el momento ideal para empezar
La primavera es la estación del renacer.

Los días se alargan, el sol calienta sin agobiar y los parques empiezan a llenarse de color.
Si estás empezando con la marcha nórdica, este es el mejor momento para hacerlo. Empieza con salidas cortas de 30 minutos, centrándote en la técnica: brazos activos, paso firme y ritmo constante.
Aprovecha para caminar por zonas con tierra o hierba, que son más suaves para tus articulaciones.
Y no olvides llevar una botella de agua: hidratarte bien es casi tan importante como moverte.
2. Verano: protégete sin renunciar al mejor ejercicio físico
Cuando suben las temperaturas, puedes plantarte dejar de hacer ejercicio. Pero el verano no tiene por qué detenerte.

Sal a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando el sol no castiga tanto.
Usa ropa ligera, transpirable y de colores claros, y protege tu cabeza con una gorra o visera.
Puedes aprovechar las vacaciones para descubrir nuevos caminos: paseos junto al mar, rutas por el bosque o caminos rurales tranquilos. El movimiento al aire libre en verano te ayudará a liberar tensiones, dormir mejor y mantener tu energía.
3. Otoño: buen ritmo, colores y bienestar
El otoño es una de las épocas más bonitas para practicar marcha nórdica.

El aire fresco y los colores del paisaje invitan a moverse sin prisas, disfrutando de cada paso.
Lleva una chaqueta ligera y, si el suelo está húmedo, zapatillas con buena suela para evitar resbalones.
Además, caminar en otoño te ayuda a mantener el ánimo cuando los días empiezan a acortarse. Notarás cómo tu mente se despeja y tu cuerpo se siente más ágil y vivo.
4. Invierno: no te pares, solo adapta tu entrenamiento
En invierno cuesta más salir, lo sé por propia experiencia. Pero si te abrigas bien y ajustas la intensidad, verás que tu cuerpo agradece seguir en movimiento.

Lleva varias capas finas (mejor que una sola gruesa), guantes y gorro si hace frío, y no olvides calentar antes de empezar.
Caminar en invierno fortalece tu sistema inmunitario, mejora la circulación y te ayuda a mantener el peso y el buen humor.
Y si algún día llueve demasiado, puedes sustituir la salida de marcha nórdica por una sesión suave con gomas elásticas en casa.
Lo importante es no detenerte.
Cada estación tiene su encanto
Practicar marcha nórdica todo el año no supone exigirte más, sino mantener viva tu conexión con el ejercicio físico y contigo misma. A medida que pasan los meses, notarás cómo tu cuerpo se vuelve más fuerte, tus pasos más firmes y tu mente más tranquila.
No hace falta que lo hagas perfecto. Solo necesitas constancia, ganas y una buena actitud.
Y recuerda: lo que hoy haces por ti, tu cuerpo te lo agradecerá mañana.


