Si quieres más energía empieza por revisar lo que comes
¿Te has sentido alguna vez sin fuerzas después de un entrenamiento, aunque no haya sido especialmente intenso?
¿O con tanta hambre que acabas picoteando lo primero que encuentras en casa?
Lo que comes antes y después de moverte es igual de importante que el propio ejercicio. Especialmente a partir de los 50, cuando tu cuerpo necesita una energía más estable, constante y fácil de digerir para responder bien al esfuerzo… y también para recuperarse.
Hoy quiero ayudarte a que no te falte gasolina ni motivación. Porque si te alimentas con inteligencia, vas a entrenar mejor, sentirte más fuerte y, lo más importante: mantenerte constante.
Aquí tienes algunas ideas prácticas de comidas y snacks que te van a dar ese empujón extra sin complicarte la vida.
1. El desayuno: tu primer aliado para activar el cuerpo
Empezar el día con energía no es cuestión de tomarse un simple café… sino de ingerir nutrientes.
Olvídate del desayuno típico de café con galletas, y apuesta por algo que te alimente de verdad:
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Tostadas de pan integral con aguacate y huevo cocido. Proteína y grasas saludables que te saciarán sin pesadez.
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Yogur natural con frutas y semillas (como chía o lino). Perfecto si te cuesta masticar mucho por la mañana.
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Copos de avena cocidos con leche o bebida vegetal, nueces y un toque de canela. Energía de absorción lenta y deliciosa.
Empieza el día con algo así y verás cómo tu cuerpo responde mejor cuando salgas a hacer marcha nórdica o hagas tus ejercicios con gomas elásticas.
2. Snacks ligeros pero nutritivos
Si han pasado varias horas desde tu última comida y vas a entrenar, no llegues con el estómago vacío. Eso solo te restará fuerza y te hará rendir menos.

Prueba con estas opciones fáciles y sin complicaciones:
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Un plátano con un puñadito de almendras.
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Un par de tortitas de arroz con crema de cacahuete natural.
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Un par de dátiles con nueces.
Son snacks que combinan hidratos con grasas o proteína vegetal, ideales para tener energía sostenida durante el entrenamiento.
3. Después de entrenar: recarga los depósitos de energía
Cuando terminas de entrenar, tu cuerpo está en modo “recuperación”. Y aquí es donde muchas se equivocan: no se trata de comer más, sino de comer lo adecuado.
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Ensalada templada con garbanzos, espinacas y huevo duro.
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Tortilla francesa con verduras salteadas.
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Un buen bol de yogur con avena y fruta.

Este tipo de comidas ayuda a que tu cuerpo repare los tejidos, recupere energía y esté listo para el siguiente día… sin darte bajones.
4. Hidratación: el combustible invisible
¿Sabías que la falta de agua puede hacer que te sientas más cansada y con menos fuerza al entrenar? A partir de cierta edad, muchas mujeres no sienten sed de forma clara, pero eso no significa que no necesiten hidratarse.
Lleva siempre contigo una botellita de agua o prepárate una infusión fría con limón, jengibre o hierbas como la menta o la melisa. No esperes a tener sed para beber.

5. Caprichos que también nutren (y sí… se puede)
No se trata de vivir a base de lechuga ni de brócoli. Cuidarte no tiene por qué ser aburrido ni soso.

Hay caprichos que también alimentan tu vitalidad si sabes elegir:
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Un trozo de chocolate negro con nueces.
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Pan de centeno con queso fresco y mermelada sin azúcar.
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Compota de manzana con canela y un toque de yogur.
Puedes disfrutar sin sentirte culpable si eliges ingredientes de calidad y cantidades razonables. Lo importante es que lo que comas te haga sentir bien durante y después.
No se trata de contar calorías a diario ni de seguir dietas imposibles. Se trata de escuchar a tu cuerpo y darle lo que necesita para estar más activa, recuperarte y mejorar.
Tú no necesitas sacrificios extremos, necesitas equilibrio y constancia. Y ese equilibrio empieza en lo que comes.


