Dale al play y te acompaño mientras comes, das un paseo o te tomas un rato para ti.
Duración: 3 minutos y 16 segundos.

La mayoría de las mujeres no dejan de hacer ejercicio porque su cuerpo no pueda hacerlo.
Abandonan porque han decidido que ellas no son «este tipo de mujer».
- La mujer fuerte.
- La mujer ágil.
- La mujer que entrena.
- La mujer que termina lo que empieza.
Si tú no encajas en esa imagen, es fácil que te descartes como válida sin siquiera haber empezado.
Déjame contarte algo.
En 2012, una monja llamada Madonna Buder terminó un Ironman en Canadá.
Tenía 82 años.
No 52 ni 62.
Tenía 82.
Un Ironman no es precisamente una clase suave de pilates: son 3,8 km nadando, 180 km en bicicleta y una maratón (42 km.) de postre, para terminar.
Lo interesante de la historia no es el récord Guinness que logró sino el mensaje brutal que transmite.
Cuando piensas en alguien capaz de hacer eso, ¿qué imagen aparece en tu cabeza?
Probablemente no la de una monja octogenaria.
Te imaginas otro tipo de cuerpo, otra vida y otra clase de mujer.
Una de esas mujeres que llevan escrito en su ADN que “sí pueden conseguirlo”.
Existe un pensamiento que muchas mujeres no dicen en voz alta, pero que se repiten a sí mismas cuando ven a otras más fuertes, con más resistencia o más seguridad:
“Nunca podré ser como ellas.”
- Como si “ellas” pertenecieran a una especie humana distinta.
- Como si la confianza viniera de fábrica.
- Como si la disciplina fuera un talento reservado para unas pocas afortunadas.
Lo mejor de esta historia es que Madonna Buder no encajaba en la imagen típica de atleta.
No era “una de ellas”.
Y quizá por eso su historia funciona tan bien: porque rompe la imagen mental que tenemos para decidir quién puede lograr sus objetivos y quién no.
No te excluyas.
No te trates como una excepción negativa.
No decidas hoy quién serás dentro de un año.
Lo único que necesitas es empezar.
La fuerza llega después.
La resistencia llega después.
La confianza llega después.
Por eso creé Ponte en marcha.
Para ayudarte a seguir un plan adaptado a ti, sin complicaciones ni comparaciones con nadie y sin importar desde dónde empiezas.
Empieza donde estás, con el cuerpo que tienes y siendo la mujer que eres ahora.
Eso es más que suficiente para empezar.


