Dale al play y te acompaño mientras comes, das un paseo o te tomas un rato para ti.
Duración: 3 minutos y 31 segundos.

¿Eres de las que se rinden a las primeras de cambio?
No lo creo.
Son pocas mujeres las que lo hacen. Estáis hechas de otra pasta….
Pero sí es habitual actuar de una forma que puede resultar peligrosa: se trata de ceder en detalles que te parecen de lo más normal.
Vamos con un ejemplo fácil de entender.
Imagina a una mujer que vuelve del mercado con dos bolsas bien llenas. Se nota a la legua que pesan un huevo.
Al llegar a la cuesta de siempre, nota que le cuesta más subirla.
Pero esta vez no maldice la puta cuesta (como todos los días), ni se pregunta si podría hacer algo para recuperar su fuerza o su energía.
Simplemente se detiene un minuto, respira, cambia las bolsas de mano y sigue caminando.
Hasta ahí, nada extraño.
Cansarse puede pasar y tener un día raro o necesitar parar unos segundos, también.
Lo que resulta de verdad inquietante es la frase que aparece en su cabeza: «Es normal, será por la edad.»
Ahí es donde asoma el verdadero peligro.
Esa frase parece hasta simpática, una forma madura de aceptar las cosas con serenidad.
Pero a menudo no es aceptación sino resignación.
Y hay una diferencia enorme entre ambas.
- Aceptar que es una etapa es escuchar a tu cuerpo, ajustar tus actividades y tomar medidas para solucionarlo.
- Resignarse es empezar a llamar «normal» a la pérdida de fuerza y agilidad, tirando la toalla antes de decidir si quieres hacer algo para evitarlo.
El peligro de este enfoque es que se mete en tu cabeza muy poco a poco, en pequeñas dosis.
Se manifiesta en gestos tan cotidianos que casi pasan desapercibidos:
- Un bote de tomate que cuesta horrores abrir,
- Una salida a la sierra que ya no apetece porque «luego pasa factura»,
- Salir con dificultad del asiento del coche.
Y casi sin darte cuenta, asumes que las cosas son así ahora. Siempre bajo la misma excusa: «Será la edad».
Y ojo, la edad tiene que ver porque el cuerpo cambia.
Pero una cosa es aceptar ese cambio y otra muy distinta dar por hecho que ya no puedes mejorar.
Te aseguro que muchas de las limitaciones que hoy te parecen inevitables se pueden trabajar.
No haciendo ejercicios circenses ni intentando volver a tener 30 años.
Se trata de ayudar a tu cuerpo a recuperar la fuerza y la autonomía que ha ido perdiendo.
Es así de simple y de potente a la vez.
Eso es precisamente lo que hago en Ponte en marcha.
Sin obsesiones, sin fórmulas milagrosas y respetando la etapa vital en la que estás.
Si quieres dejar de ceder terreno y ver cómo puedo ayudarte a recuperar tu vitalidad, echa un vistazo aquí:


